De la academia al medical writing: una transición posible
Por Lucía González Forte
Durante más de diez años trabajé en el sistema científico-académico, entre investigación y docencia. Ese recorrido implicó bastante más que diseñar experimentos o analizar datos: también incluyó desarrollar habilidades no siempre listadas en el CV como improvisar soluciones y sostener el trabajo con recursos limitados, muchas veces lejos de las condiciones ideales. Así, además de un doctorado y la entrada a carrera de investigador, obtuve herramientas muy valiosas como resiliencia, creatividad y capacidad de adaptación.
Un interés persistente por comunicar ciencia
Lo más “fácil” era continuar por el camino que marcaba el sistema, pero cada vez me costaba más encontrarme ahí, verme a futuro. Había, sin embargo, una constante que se mantenía firme en mi vida: el interés por comunicar ciencia. No como un plan definido, sino como una inquietud que aparecía una y otra vez. En 2013, recién recibida y empezando mi doctorado, fui a una charla de Diego Golombek. Le pedí que me firmara su libro y escribió: “Para Lucía, Alimentóloga”. En ese momento fue solo una dedicatoria; con el tiempo, resultó ser una intuición de algo que todavía no sabía cómo encajar en mi recorrido.
Algunos años después, y en paralelo a la investigación de laboratorio, esa línea empezó a tomar forma, a través de distintas experiencias: un curso de comunicación científica en formato podcast, la decisión de abrir un espacio en Instagram para hablar de alimentos y una diplomatura de especialista en quesos, que me permitió explorar la relación entre alimentos y cultura desde otro lugar.
Un cambio de perspectiva
La realidad es que el punto de inflexión en mi historia no fue un evento puntual, sino más bien un cambio de perspectiva: en 2025 entré en contacto a través de LinkedIn con el Grupo Latinoamericano de Medical Writing (GLAMW) y empecé a conversar con personas que habían transitado caminos similares al mío y encontrado formas distintas de hacer ciencia fuera de la academia. De esa manera, comencé a explorar nuevos caminos posibles en donde combinar mi pasión por la ciencia y mis ganas de comunicar.
En 2026 di el paso y pedí licencia en mi cargo como investigadora para empezar a trabajar como medical writer freelance. Las primeras oportunidades no surgieron de una búsqueda formal, sino del networking: una conversación derivó en el contacto con un cliente que necesitaba artículos de divulgación científica. Ese primer proyecto marcó el inicio de una nueva etapa laboral y también un cambio en la forma de pensar mi trabajo.
Reconfigurar la práctica científica
Uno de los aprendizajes más fuertes fue entender que las habilidades que había desarrollado en la academia seguían siendo valiosas, pero necesitaban ser recontextualizadas. Ahí entendí que escribir ciencia cambia según para quién, para qué y en qué formato. En mi caso, el foco estuvo en priorizar claridad sin perder rigor e incorporar la mirada del lector desde el inicio.
Empezar a mostrar lo que hacía fue tan importante como seguir formándome. Escribir, publicar y compartir no sólo me ayudó a ordenar ideas, sino que también generó conexiones y oportunidades. En ese sentido, construir redes no fue un paso posterior, sino parte integral de la transición.
También fue importante aceptar que la transición no requería tener todo resuelto de antemano. Muchas decisiones fueron tomadas sobre la marcha, incluso con cierta incertidumbre. Lo que sí cambió fue mi relación con esa incertidumbre, que dejó de ser un freno para convertirse en parte del aprendizaje.
Un nuevo modo de habitar el trabajo
Hoy mi día a día combina escritura para clientes, desarrollo de contenido, docencia y comunicación en redes. Pero más allá de las tareas, lo que más cambió fue la forma de habitar mi trabajo.
Si estás pensando en la posibilidad de salir del sistema científico o de la academia, no hace falta tener todo resuelto desde el principio. A veces alcanza con empezar a explorar qué hay afuera, las opciones suelen ser más variadas de lo que imaginamos. Hablar con personas que ya recorrieron ese camino ayuda mucho, y también darse el tiempo para preparar el cambio y sentirse cómoda/o con la decisión. No hay transiciones iguales ni tiempos ideales. Cada recorrido se arma a medida, pero con algo en común: no hace falta hacerlo en soledad.
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Lucía González Forte es Licenciada en Ciencia y Tecnología de Alimentos, doctora en Química, comunicadora científica y docente. Trabaja en la intersección entre ciencia y comunicación, transformando evidencia en contenidos claros y accesibles. Porque no alcanza con que la ciencia sea rigurosa: también tiene que poder entenderse.
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